entrevista a Sergio Sinay

Sergio Sinay analiza criticamente el modelo de masculinidad actual, y asume como tarea la construcción de una nueva masculinidad. En esta entrevista del 2007 explica algunos conceptos y habla de su libro “La masculinidad tóxica”.

(extracto de la entrevista publicada por el diario El Liberal, de Santiago del Estero, el 10 de junio de 2007.)

¿Puede decirse que arrancó con el redescubrimiento del hombre, del varón? Cuéntenos esa experiencia…

La masculinidad me parece que fue una puerta. Entré a mirar el panorama de los vínculos humanos desde un lugar cercano y desde mi propia experiencia, que es mi vida como varón. Acentué mi mirada sobre todo a partir de mi paternidad. Mi último libro se llama La Masculinidad Tóxica y plantea que hay un modelo masculino; un patrón tóxico que prevalece. Esto no quiere decir que la masculinidad es tóxica.

¿Habla de un modelo en donde se busca ser macho más que hombre?

Es un patrón que aunque se diga que está cambiando, todavía es hegemónico y vigente, que es la masculinidad que se certifica a partir de ser fuerte, dominador, poderoso, exitoso, no perder, ganar, ser rendidor en el sexo, en los negocios, en el deporte, no tener piedad, imponerse. Es un modelo masculino que sigue pesando en los hombres, mayoritariamente, a pesar de que esté suavizado el lenguaje o algunas visiones que da la publicidad de esta literatura. De todos modos, reitero, es un patrón que sigue definiendo a un varón y, desde ese modelo, se manejan la política, los negocios, las relaciones con el medio ambiente, el deporte y en la sexualidad de nuestra sociedad.

Y digo que es una masculinidad tóxica porque genera ausencia emocional de los padres, un mundo impiadoso, poco solidario y hasta prevalece a la hora de resolver conflictos, como en el caso de las guerras, las que actualmente son 90, pero que sólo tienen prensa 3 ó 4. La prostitución es una de las tres o cuatro grandes industrias en el mundo, junto con la del armamento, los medicamentos y las drogas, y ha sido creada y sostenida para estar al servicio de un modelo sexual de lo masculino. Es la esclavitud del siglo XXI. La violación, según Médicos sin Fronteras, es una de las epidemias que hay en el mundo. Los violadores son hombres que se creen con derecho a violar, desde un determinado modelo masculino, en el que la mujer es un objeto sexual quiera o no quiera.

Las tragedias automovilísticas, y que en la Argentina están tan claras y que las sufrimos todos los días, tienen que ver con un modelo masculino de manejar, de usar el auto; para ganar, para ser ventajero o ser más fuerte que el otro. Se cree, por ejemplo, que si tengo el auto más rápido, tengo ventajas sexuales sobre otros. Es trágico, por donde lo miremos. En ese sentido, cuando se analizan los fenómenos políticos y económicos, hay un ingrediente que no se considera, no se analiza, y creo que debería tomarse en cuenta: cuánto tiene que ver el modelo masculino prevaleciente. Cuando digo masculino, no me refiero sólo a los hombres. Fíjese el detalle: el modelo es masculino, se implanta sobre los hombres, pero también las mujeres lo viven y lo transmiten. De hecho, veamos a las mujeres que llegan a la política y a los negocios. Llegan y no transforman ese modelo masculino, sino que se adhieren para tener un lugar exitoso adentro de él. Incluso, en las relaciones más privadas les siguen pidiendo a los hombres ese modelo, aunque luego les reclamen que cambien ese patrón.
Este modelo es tóxico, porque tiene costos altos en vidas, en dinero, en contaminación y en relaciones familiares bastante problemáticas. En cuanto a la pregunta, es un modelo que produce machos y no hombres. El hombre no es así y, por ende, este modelo no representa a la naturaleza del varón. Representa un modelo cultural que se le ha hecho creer al varón que es su naturaleza; pero no es. Entonces, como no es su naturaleza, se puede cambiar. La buena noticia da cuenta de que como es un modelo cultural, se puede cambiar, pero todo depende de comenzar a hacerlo en la vida cotidiana.

“No hay que decir a los hijos que lean un libro, sino leer con ellos”

Muchos padres se acercan a Sergio Sinay y le plantean su preocupación por la falta de hábito por la lectura de sus hijos, así como el apego hacia la computadora. En ese sentido, EL LIBERAL le solicitó una reflexión, y dijo:

“No es el libro o la computadora, sino es el libro y la computadora. El tema es qué uso le va a dar el niño o joven a la computadora, porque si es todo y durante todo el día, no va. En cuanto al libro, no es cuestión de decirles a los chicos que hay que leer, sino leer con ellos. Hay que darles menos consejos y estar más cerca de ellos, activamente, porque si no le vivimos agrandando la cabeza con consejos y al final no quieren escuchar más, y tienen razón. Porque si nosotros dos nos sentamos todo el día con el Viejo Vizcacha, en un momento alguno va a decir que paremos, que hagamos algo juntos y que sea más entretenido. Bueno, mi consejo a los padres es que lean con los chicos. Hay que sentarse a leer e invertir un tiempo. Tomar una página y leer en voz alta, con dedicación, para que el niño pregunte cómo sigue. Una vez que interrogue en ese sentido, se le entrega el libro y que siga él. En las familias hay que comprarse un libro corto, que elijan entre todos y se lo van pasando, una semana cada miembro de la casa. A fin de mes, en lugar de ir al shoppings, de chatear, o antes de comer, se apaga el televisor un rato y se charla sobre el libro que leyeron. Uno de los hijos va a decir que lo aburrió soberanamente y que no le encontró nada, pero otro dirá que le gustó. Lo bueno será que ya están charlando y conversando.

Cuando uno lee, es como si estuviera acompañado…

El que lee no está solo y el que se pasa el día en la computadora está solo, aunque crea que esté conectado con todo el mundo. Lo cierto es que está conectado con fantasmas. Chateas y la otra te puede decir que es Lady Di y vos sales a contar que te levantaste una mujer extraordinaria. Ella también, como vos le mentiste, va a decir que encontró al hombre de su vida. Pero un día se encuentran y se llevan una desilusión. En fin, son fantasmas. Los chicos tienen que comprender que hay personajes de las lecturas infantiles que uno los lleva adentro como si fueran amigos de la infancia. Nunca lo conocí al Príncipe Valiente, pero es mi amigo y he vivido aventuras con él y he conocido lugares del mundo a los que nunca he viajado. Si vos lees, no estás solo, pero tiene que ser una lectura activa.

Muchos padres van a justificar su indiferencia en la falta de tiempo…

Estoy de acuerdo en que no hay tiempo, pero lo que pasa es que criar hijos es un laburo. Resulta que nunca los padres van a decir que dejarán de trabajar porque no tienen tiempo, pero sí dejan de atender a sus hijos por falta de tiempo. ¿Cuál es más importante?, y te van a decir que el trabajo, porque si no de dónde comemos.

La solución puede ser socializar la forma de los ingresos, y para ello hay que ponerse de acuerdo y tener un televisor un poquito más chico y más tiempo de estar juntos. Porque para tener el plasma de 65 pulgadas vamos a tener que laburar más y estar menos tiempo en familia. Reitero, es cierto que hay poco tiempo, pero si se hace una revisión en qué invierten el tiempo los padres, muchas veces se comprueba que llegan a casa y se ponen a ver televisión. ¡Cómo!, ¿no era que no tenías tiempo? Entonces, no veas televisión y charlá un poco con tus hijos.

Muchos de nuestros mayores decían que su tiempo fue mejor, y lo mismo decimos nosotros a nuestros hijos. ¿Cuál es su reflexión sobre una nueva sociedad o un mundo actual más peligroso que tiempos pasados?

La verdad es que el mundo siempre fue peligroso, desde que los seres humanos existimos. Al principio te mataba un rayo, te comía un dinosaurio o venía el de al lado, te metía con un palo en la cabeza para llevarse tu comida o tu mujer, o porque te morías de un resfrío. Lo que cambiaron fueron los peligros, pero no cambió el hecho de que la vida es un milagro en el sentido de que todos los días sobrevivimos, y que esto es lo maravilloso. Que nos vayamos a dormir, que la humanidad se vaya a dormir, todas las noches en la misma cama, es un milagro cotidiano. Volviendo a la pregunta, creo que no hay que tenerle miedo a que la vida sea peligrosa. Lo que hay que aceptar es que no se puede vivir con certeza. Hoy en día queremos construir vidas donde den una garantía desde el arranque que vas a ser feliz, que vas a vivir 120 años, que vas a ser rico, que no vas a sufrir, que no te va a doler nada, que no se te va a morir ningún ser querido. Eso no existe. Esa garantía no existió antes, hoy, ni nunca. Ahora, lo que pasa es que se lucra mucho con este miedo a la incertidumbre. Te dicen que te compres esto y vas a tener la seguridad de unas u otras cosas. Como no es verdad, como no recibimos esta seguridad, recibimos el bien que compramos, pero no la seguridad que te prometen o la certeza que nos prometen.

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