Erin Pizzey – El antifeminismo contra la violencia domestica

De ideología fuertemente conservadora y frontalmente contraria al feminismo, Erin es pionera en la lucha contra la violencia domestica. Más allá de su ideología, resaltamos en este artículo dos interesantes aspectos: La diferenciación entre mujeres genuinamentes maltratadas y mujeres proclives a la violencia, y su experiencia como hija de estar más indefensa ante la violencia materna que a la paterna.

Erin Pizzey creó el primer refugio para mujeres maltratadas del mundo en 1971 y ayudó a crear un movimiento en defensa de las víctimas de violencia doméstica. Ha escrito el primer libro sobre violencia domestica, “Scream Quietly or The Neighbors Will Hear” en 1974, ademas de otros libros, dar seminarios e innumerables entrevistas. En un principio fue considerada parte del movimiento feminista pero ella siempre se proclamó contraria a dicho movimiento porque “…habiendo experimentado la violencia de mi madre siempre supe que las mujeres podían ser tan empedernidas e irresponsables como los hombres.” Hoy día esta británica nacida en china es considerada por algunos como un icono del antifeminismo.

Erin no es una profesional formada en una disciplina social o psicoanalitica, sino que aborda la problemática de la violencia domestica gracias a ser hija de dos padres increíblemente crueles. Y su desprecio hacia el feminismo tiene origen en el rol profundamente negativo de su madre: “cuando las feministas comenzaron a demonizar a todos los padres, aquellas duras imágenes me recordaron la verdad: la violencia doméstica no es cuestión de géneros.” Toda su contribución no surje desde lo académico sino gracias a su vivencia y los años de trabajo en el centro de acojida:

Mujeres genuinas y mujeres proclives

En 1981 Erin Pizzey publicó en el periódico British New Society un artículo en el que diferenciaba a dos clases de victimas (adultas) de la violencia domestica:

Mujeres que accidentalmente se han visto relacionadas con un compañero violento, al que desean abandonar y no volver a ver nunca más. Ellas pueden estar necesitadas de encontrar un nuevo lugar o entorno donde vivir, o ayuda financiera, legal o apoyo emocional para superar sus sentimientos de responsabilidad-culpabilidad, compasión e incluso pena de su compañero maltratador, que ella intenta abandonar, pero pueden ser liberadas de sus relaciones violentas sin gran dificultad porque desean hacerlo. Esta clase de mujer es la que Erin Pizzey llama mujer ‘genuinamente maltratada’.

En ese mismo artículo Erin afirma que hay otras mujeres a las que es muy difícil ayudar. Son mujeres que debido a profundas razones psicológicas buscan una relación violenta, e incluso varias, y no tienen intención de abandonar a su compañero. Se la puede intentar ayudar legalmente, en lo financiero/económico, y hacer todos los preparativos para que tenga una nueva vida independiente de su compañero abusador, pero acabaran volviendo una y otra vez con su compañero, o si deja al compañero acabara buscando una nueva relación con otro compañero ¿casualmente? violento. Ésta es la clase de mujer que Erin Pizzey denomina ‘Mujer Proclive a la Violencia’… (Un concepto similar es desarrollado, desde otra perspectiva, por Estella Welldon.)

Claro que afirma rotundamente que no es su intención decir que estas mujeres permanecen en relación con maltratadores “porque a ellas les gusta”, “porque quieren”, o “porque se lo merecen”. Afirma que los individuos proclives a la violencia “se crean” en primer lugar por las enseñanzas violentas recibidas en su infancia. Las investigaciones de Erin concluyen que una infancia violenta es muy probable que cree una adicción a la violencia que lleve al individuo a seguir reproduciendo la violencia en sus sucesivas relaciones.

Sus estudios demuestran que hay que hacer una clara distinción entre mujeres maltratadas y mujeres proclives a la violencia. De cada cien mujeres que acuden a los centros de acogida, según sus propios estudios, sesenta son mujeres calificables como proclives a la violencia. Ella sostiene que los “principios de la violencia familiar son universales“; los informes que ha ido recabando en sus seminarios con médicos y trabajadores del ámbito de la violencia familiar le han ido confirmando sus hipótesis y le han permitido establecer un programa terapéutico específico para tratar a las personas proclives a la violencia. La oposición a sus conclusiones y a sus planes de trabajo con individuos proclives a la violencia ha procedido, siempre, de mujeres que trabajan en el campo de la violencia familiar que se identifican a sí mismas como “feministas”.

Violncia paterna y violencia materna

Erin cuenta su terrible historia familiar en un reportaje (original en inglés). Hija de un diplomático, ella y sus hermanos fueron varias veces separados de sus dos padres por la guerra contra Japón y por conflictos diplomáticos con la Unión Soviética. Son esos momentos de separación los únicos momentos alegres que recuerda de su niñez.

Explica entonces una interesante conclusión sobre su niñez: “… el carácter explosivo de mi madre y su conducta abusiva formaron la persona que he llegado a ser como no lo ha hecho ningún otro suceso de mi vida”… “Desde el mismo comienzo estuve en guerra contra mi madre y pronto aprendí a disociarme del dolor que me causaban sus palizas. Su palabras, sin embargo, permanecieron conmigo toda mi vida. ‘Eres vaga, inútil y fea,’ gritaba. ‘Te pareces a la familia de tu padre, basura irlandesa.’ ” … “Eran palabras malvadas que he oído repetidas una y otra vez a madres en todas partes. De hecho, cuando abrí mi refugio para mujeres maltratadas, 62 de las primeras 100 mujeres que cruzaron aquella puerta eran tan abusivas como los hombres que habían dejado.”

¿Es posible que los niños esten mas indefensos ante la violencia materna que ante la paterna, porque la sociedad los presiona fuertemente a amar a sus madres mas que a sus padres? Siempre desde su experiencia personal, nos cuenta: “Odié a mi padre con todo mi corazón infantil y me sentía auténticamente aterrorizada por él. Medía más de metro noventa, grande y con una gran barriga que colgaba sobre su cinturón. Pero a despecho de su torpe, predecible, forma de brutalidad machista” … “era la forma más emocional, verbal, forma de abuso de mi madre la que me marcó más profundamente. Disfrutaba de una forma particular de asesinato del alma y es su crueldad la que sesenta años después, sigue haciéndome llorar y me ha convencido de que el feminismo es una trama cínica, mal dirigida.”
“Desgraciadamente, en aquel momento, lo que yo más quería era que mi madre me amase”,
en cambio “mi odio hacia mi padre era puro y no lo contaminaban otras emociones.” … “Mis sentimientos hacia mi madre” … “eran mucho más complicados. Por mucho que su odio me destrozase, aún seguía deseando genuinamente su amor. De hecho, tenía momentos de gran compasión hacia ella cuando la veía llorando y gimiendo frente a mi padre.”

Erin cuenta que su madre “Ocasionalmente se revolvía contra su brutalidad (del padre). Sólo medía metro cincuenta, pero mi madre era extremadamente fuerte y su lengua era letal. Lo acusaba de ser un idiota. Llamaba a su madre prostituta y a su padre un vulgar borracho irlandés.”
Como los niños que son arrastrados por el odio mutuo entre sus progenitores, nos cuenta un cambio de actitud cuando Erin era adolescente y su madre ya no podía lastimarla físicamente. Entonces “comenzó a hacer una lista de los defectos de mi padre y de las atrocidades que nos había infringido a todos, como si ahora fuera yo su confidente. Me contaba lo mucho que lo odiaba y decía que nunca debería de haberse casado.” … ” ‘Pero me quedé por ti’ me dijo, ‘Me quedé porque quería que fueses a una escuela privada y disfrutases de una vida confortable.’ ”

Esa crueldad emocional, colocando toda la responsabilidad y culpa sobre los hijos “era una conducta constante que podría ver una y otra vez en algunas mujeres de mi refugio.”

Esta manipulación incluye una terrible anécdota. Después de una de las tantas separaciones familiares por trabajo, un “día en que mi padre debía unirse a nosotros en la nueva casa, mi madre era un manojo de nervios. Estaba llorando, abrazada a mí, pidiéndome que la protegiese. ‘No lo quiero cerca de mí.’ decía.”“Y así, en la noche del regreso de mi padre, tomé un gran cuchillo carnicero de la cocina y fui a la habitación de mis padres”… “y tomé la extraordinaria decisión de que lo apuñalaría si intentaba forzarla.” Erin concluye que ella estaba “siguiendo las órdenes silenciosas de mi madre. Curiosamente me había manipulado hasta tal punto que estaba dispuesta a matar por ella. Mi padre ciertamente intentó convencerla para meterse en su cama. Por fortuna, no llegó a lo físico. Si lo hubiera hecho hubiera muerto y mi vida habría sido muy distinta.”

“El feminismo es una Mentira”

Erin es una de las principales y mas feroces detractoras del feminismo, a la que califica como una mentira que sólo “busca financiación pública” y que, por eso mismo, asfixia cualquier análisis de lo que realmente está sucediendo. “Mujeres y hombres son igualmente capaces de extraordinaria crueldad” y que la tarea es “comenzar a cerrar la brecha que el feminismo ha creado entre hombres y mujeres”. Proclamar “que todos los hombres son violadores y abusadores potenciales, descansa en una mentira que, si se permite que crezca, acabará con la completa destrucción de la vida familiar” y que son nuestros hijos quienes sufrirán las consecuencias.

Erin sostiene que ha habido una guerra entre hombres y mujeres, que las mujeres la han ganado y que eso ha significado una enorme perdida para las mujeres mismas. “Hay una necesidad de atrasar el reloj y volver a las mujeres que permanecen en casa al cuidado de los hijos mientras los hombres trabajan fuera”. Pero su defensa de la familia tradicional que dice “ha funcionado durante miles de años”, choca contra su propia vivencia infantil. Cuando Erin dice “lo único que un niño necesita de verdad (son) dos padres biológicos bajo un mismo techo” no esta tomando de ejemplo a su niñez, que solo disfrutó en los momentos que sus padres no estaban con ella bajo el mismo techo.

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2 comentarios en “Erin Pizzey – El antifeminismo contra la violencia domestica

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