Doris Lessing sobre el feminismo

Doris Lessing, fallecida en 2013, es autora de un libro icono del feminismo como lo fue El Cuaderno Dorado. En sus últimos años se declaró contraria al feminismo fundamentalista: “deberían centrar su energía en la modificación de leyes obsoletas que las atañen en lugar de “desperdiciar energía” insultando y humillando inútilmente a los hombres

En 1962 Doris Lessing escribe El Cuaderno Dorado, una historia que aborda la crisis emocional y artística de una mujer libre. La protagonista de la novela es responsable respecto al trabajo, el sexo, la maternidad y la política.

El Cuaderno Dorado es uno de sus libros más reconocidos y fue lectura obligada del movimiento feminista en los años 60. Se convirtió en un icono del movimiento, “lo cual prueba que uno escribe algo y nunca sabe en qué va a terminar”. Siempre le ha molestado que El Cuaderno Dorado se haya convertido en la biblia de la liberación femenina, porque jamás quise hacer un ensayo feminista, sino escribir sobre la vida de las mujeres”.

En los últimos años de su vida Doris hizo declaraciones muy polémicas sobre el movimiento de genero. Aunque sin hacer distinción de las distintas corrientes ideológicas que existen dentro del movimiento feminista, si se declaró contraria al feminismo “cuando roza el fundamentalismo”, tras lo cual aclaro que “No me defino como antifeminista”.
“Creo que las feministas tienen los objetivos equivocados. La revolución sexual de la década del 60 está muy bien. ¡Pero pienso que las mujeres también podrían haber luchado por el mismo pago cuando cumplen el mismo trabajo que los hombres, por buenas guarderías y demás! Aun en la época victoriana, las mujeres salían a marchar y conseguían cosas concretas, como cambiar las leyes sobre la propiedad en el matrimonio. Hoy nadie hace algo así. El feminismo de los años 60 se disolvió en cháchara inútil.”

La liberación de la mujer y la ciencia
Sostuvo que el feminismo no liberó a la mujeres: “Lo único que liberó a las mujeres fue la ciencia”“no creo que (la) generación de chicas jóvenes tenga la menor idea de todo lo que el lavarropa hizo por ellas. Y de cómo la aspiradora las salvó de la esclavitud del polvo. Lo más importante de todo fue la pastilla anticonceptiva, que por primera vez puso el destino de las mujeres en sus propias manos. Para mi generación, lo más sorprendente es cómo no entienden lo afortunadas que son, cómo no recuerdan que, hasta hace relativamente poco, cualquiera debía suponer que iba a estar continuamente embarazada hasta la menopausia.” Sin embargo Doris creía que esta evolución no la pueden disfrutar la mayoría de las mujeres, “sobre todo en el tercer mundo”.

Las feministas han fracasado porque no han logrado capitalizar sus propuestas en los años sesenta y setenta. “Podrían haber sido más calmadas y haber hecho más esfuerzos para trabajar junto a los hombres. Siempre he pensado que no se puede avanzar haciendo separaciones radicales.”

Según Lessing “las mujeres deberían centrar su energía en la modificación de leyes obsoletas que las atañen en lugar de “desperdiciar energía” insultando y humillando inútilmente a los hombres”, y afirmaba que “los hombres parecen estar tan intimidados que ya no se defienden. Pero deberían hacerlo”.

Los ideales
De cronista del racismo a novelista de izquierda, para desembocar -con Un paseo por la sombra (1997)- en defensora del feminismo. “de todas las interpretaciones equivocadas, la más equivocada fue la de las feministas. Se equivocaron como los comunistas, haciendo de la vida una cuestión ideológica, pero la vida sigue su curso sin ellas y hasta contra ellas” escribió sobre la lectura que se hizo del libro.
Su vida fue un proceso de cambio: del comunismo al individualismo, del ateísmo a la espiritualidad trascendental de las religiones orientales.

Podemos definir a Doris Lessing como una liberal de izquierda, (ese progresismo tan correctamente británico). Se acerco a la izquierda en su juventud porque “en África (…) los rojos eran la única gente que había leído tanto como yo”. Militó en el Partido Comunista Británico entre 1952 y 1956 pero la revelación de los crímenes del estalinismo le hizo perder definitivamente todas sus ilusiones y abandonó el partido en 1954. Luego definía a los comunistas como “asesinos con una conciencia tranquila”.

La Familia
“¡No, yo no seré como ellos!”, escribió en su autobiografía, donde un padre enfermo moralmente y herido en la Primera Guerra Mundial, y una madre dominante y frustrada por no poder desempeñar en la vida un papel social o profesional relevante. El retrato decadente y moral de la familia, que traza en la serie de cinco novelas (llamada Hijos de la violencia) que narran la historia de Martha Quest en la sociedad colonial de Rodesia del Sur (hoy Zimbabue), es una metáfora de la agonía final del Imperio Británico. Sólo la ruina es novelable y Lessing vivió evitando la desgracia, la revivió para escribir sobre ella. En la ficción aparecen sus fracasos matrimoniales y sus hijos abandonados cuando marcha a Inglaterra.

Nacida en Iran, vivió y creció en Rodesia (hoy Zimbawe), un lugar que odiaba cuando era joven: “un lugar provinciano en donde nadie quería hablar de política. Me hubiera ido antes, si la guerra no hubiese estallado”. En 1949 se trasladó al Reino Unido con su hijo pequeño dejando en Sudáfrica con su padre a los mayores, pues, según indicó años después, no quería desperdiciarse “siendo solamente madre”. Es que “Londres era un ciudad genial llena de artistas e intelectuales. Allí encontré a toda esa gente interesante que venía, como yo, de todas las antiguas colonias inglesas, de todo el imperio británico. Después de la Segunda Guerra Mundial, había una especie de locura en nuestro grupo de amigos; era como vivir el final del Imperio Romano. Yo hice parte porque en esa época creía que íbamos a construir un mundo mejor. No puedo creer cuán estúpida era.”

Instalada en Londres, reanudó su carrera de escritora publicando Canta la hierba (1950). Militó en el Partido Comunista Británico, participó en campañas contra las armas nucleares y criticó ásperamente el régimen del apartheid sudafricano. Los tanques soviéticos sofocando la Revolución húngara de 1956 reflejaron su desencanto político en su libro Retreat to innocence (1956). En 1956, conocidas sus críticas constantes e implacables, se le prohibió la estancia en toda África del Sur y especialmente en Rodesia.


mas info: /lanacion.com.ar; /elconfidencial.com/; /crianzacompartida; /prodavinci.com; /semana.com;

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