Jhonatan Luna, Mica y la presencia del estado

Después de una intensa búsqueda, el sábado 28 de mayo (2016) nos horrorizamos con la noticia de que Mica, de 12 años, había sido hallada sin vida. El asesino fue Jhonatan Luna, un joven de 26 años. ¿Dónde estaba y que estaba haciendo el estado?

Fugado del Penal 2 de General Roca, Río Negro, Jhonatan Luna pasaba su tiempo en Facebook buscando contactarse con niñas. Una pelea con su madre la disparó a Mica, que huyo de su casa para encontrarse con su amigo virtual. Lo encontró a Luna, haciéndose pasar por el primo de su supuesto amigo de facebook, que la condujo a su casa, la atacó presumiblemente cuando Mica quiso volver y terminó matándola. La autopsia reveló golpes de puño en el cráneo y muerte por estrangulamiento.

El primer sentimiento es la indignación ante lo monstruoso. Nuestra sociedad espera que Luna reciba la “bienvenida” que popularmente todos creemos reciben los violadores en la cárcel. Sería una especie de justicia informal, un triste consuelo de que, en un país donde todo funciona mal, por lo menos el servicio penitenciario también funcione mal en la custodia de Luna y el resto de los presos cobrará la venganza social tan necesaria. Una muestra más de la decadencia institucional.

Cuando estos casos ocurren, los bien pensantes concluyen que falta más presencia del estado: falta un padre omnipresente y atento a todo. “Progres” y no tan “progres” expertos imaginan pulseras electrónicas, cámaras de vídeo, protocolos de alertas tempranas en las escuelas y en las familias, y mucha, mucha policía. Se pide control, control y más control.

Pero el asesinato de Mica denuncia algo: ¡el estado estaba presente! Luna estaba judicializado, tuvo pericias psicológicas, informes de buen comportamiento y demases. Luna había sido condenado a una pena de cinco años y dos meses por robar un celular con un cuchillo. En función de los plazos, que Luna había cumplido más de la mitad de la condena, que no tenía otras causas penales abiertas, que no registraba otros antecedentes y fundamentalmente su muy buena conducta en prisión y un informe psicológico favorable se le concedió el beneficio de salidas transitorias. En el penal Luna alcanzó calificaciones de 9 en conducta y 7 en concepto.

Así, Luna, sin herramientas para socializar ni culturales y sin un grupo familiar o social que lo contenga, obtiene el beneficio de salidas transitorias. ¿A que sale? a nada… no hay posibilidades de hacer nada afuera, ni adentro. Se refugia en facebook.

Es obvio que hay que preguntarle al psicólogo que cuernos evaluó cuando evaluó, pero debemos decir que no estamos ante un sistema que funciona bien con un profesional que trabaja mal. Todo el sistema funciona mal. No hubo contención para Luna, ni análisis ni diagnóstico ni seguimiento ni nada. Nadie estaba prestando atención. Se fugó y no lo buscaron, pusieron fuga en una planilla y listo. Se prófuga en su segunda salida el 20 de diciembre de 2014, el crimen se produce en abril del 2016: estuvo 16 meses prófugo paseando, sin ocultarse.

Luna pasó el límite que lo convierte en un monstruo. Lo que le pase de ahora en más nos tiene sin cuidado a todos, nadie va a defenderlo. El problema es otro. Sin ninguna política de prevención, socialización, contención, solo queda la represión post-crimen. Y la certeza que habrá más crímenes para reprimir en el futuro.

Entonces, ante la injusticia y el consiguiente reclamo “políticamente-correcto” de más presencia del estado, la pregunta es: ¿para que queremos presente un estado que no hace nada bien?

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